Rambla de la Llibertat 11: casi 100 metros cuadrados menos de terraza y de 32 mesas a 6 por decisión del Ayuntamiento
La nueva ordenanza que sacude los bares y restaurantes de la Rambla de la Llibertat en Girona.
Solo se salva 1 local, el del número 32, con una reducción de terraza del 0%, mientras el resto de locales pierden entre un 20 y un 60%, en el peor de los casos un 80% en el número 11 de la rambla.
El caso de Rambla de la Llibertat, 11 pone rostro a la nueva política de terrazas del gobierno de Lluc Salellas (CUP/GUANYEM GIRONA). El establecimiento ‘Flamat’, un negocio familiar con más de 20 años, denuncia en redes que su terraza pasará de casi 120 a 22 metros cuadrados y de 32 mesas a solo 6. Una reducción que los afectados consideran desproporcionada y que, según ellos, puede comprometer la continuidad del negocio.
«Aquest pot ser l’últim got que beguis a la rambla» és el lema de la campaña ciudadana que han impulsado en Instagram @salvemrambla11 .
El Ayuntamiento defiende la ordenación del espacio público y la accesibilidad. Pero una pregunta sigue encima de la mesa: ¿por qué este negocio tiene que perder más del 80% de su terraza?
Hay decisiones administrativas que se pueden explicar con una cifra.
En este caso son 96,5 metros cuadrados.

Es la superficie de terraza que, según la documentación difundida por los afectados en redes, dejaría de utilizar el establecimiento situado en el número 11 de la Rambla de la Llibertat.
La terraza pasaría de 118,9 m² a 22,4 m².
De 32 mesas a 6.
Y de 82 sillas a 19.
Un 18,8% conservado, una reducción de 81,2% y una perdida de casi 100 metros cuadrados.
Y detrás de esos números hay algo más que mesas y sillas: hay un negocio, trabajadores, alquileres, proveedores y una actividad económica que lleva más de 20 años formando parte de la Rambla, sirviendo a los vecinos de Girona y a quienes visitan la ciudad.
La pregunta incómoda para el gobierno de Salellas
El Ayuntamiento de Girona, gobernado por el alcalde Lluc Salellas i Vilar (CUP/Guanyem Girona, 2023-2027), tiene una posición clara sobre las terrazas.
En su propia comunicación institucional, Salellas defendió que «el espacio público pertenece a todos los gironins y gironines» y que «las terrazas deben convivir con los vecinos y los peatones».
Hasta ahora, el gobierno municipal criticaba el turismo, ahora son las terrazas de los locales de la Rambla de la Llibertat que «no permiten la convivencia».
Girona (y sus vecinos) está perdida bajo las manos de la ultra izquierda. – Comentario de una publicación de Instagram referente a la reducción de terrazas.
Es un principio difícil de discutir.
Y existe otra cuestión igualmente legítima:
¿Dónde termina la ordenación necesaria y dónde empieza una reducción que puede poner en peligro una actividad económica para los negocios y para la economia de la ciudad, de los trabajadores, de los proveedores y de los emprendedores?
Porque recuperar espacio público puede ser razonable.
Pero recuperar 96,5 metros cuadrados a costa de un único negocio requiere, como mínimo, una explicación detallada y comprensible. Algo que a Lluc Salellas y su equipo de gobierno siempre le ha costado.
De 32 mesas a tan solo 6
La cifra más contundente del caso es probablemente esta:
32 → 6
El establecimiento pasaría, según los datos difundidos por los afectados, de disponer de 32 mesas a solamente seis.
Eso significa perder 24 mesas.
O, expresado de otra manera, conservar únicamente el 20 % de las mesas anteriores.
Con las sillas ocurre algo parecido:
82 → 19
Se perderían 63 plazas.
La reducción sería del 76,8 %.
No estamos hablando, por tanto, de mover unas cuantas mesas unos metros.
Estamos hablando de una transformación radical de la capacidad exterior del establecimiento.
Y la superficie se desploma
La terraza pasaría de:
118,9 m²
a
22,4 m².
La diferencia es de:
96,5 m²
Eso significa que aproximadamente ocho de cada diez metros cuadrados que ocupaba la terraza dejarían de estar destinados a mesas y sillas.
Para el Ayuntamiento, ese espacio debe integrarse en la ordenación general de la Rambla.
Para el negocio, son metros cuadrados que dejan de producir actividad económica y ponen en riesgo no solo sus nóminas, también el negocio familiar que lleva años levantando la persiana.
Y aquí aparece la incómoda pregunta del principal problema de la actuación municipal:




